La oposición colombiana volvió a la calle este miércoles 14 de octubre de 2026 en el primer paro nacional convocado contra el gobierno de Abelardo de la Espriella, que asumió la presidencia el 7 de agosto. Las marchas reunieron a miles de personas en cerca de diez ciudades y abrieron un calendario de movilizaciones que las centrales sindicales quieren cerrar en noviembre con un paro general.
Cuatro recorridos hacia la Plaza de Bolívar
En Bogotá, la concentración principal arrancó en el Parque Nacional a media mañana y avanzó por cuatro recorridos que convergieron en la Plaza de Bolívar. Hubo marchas también en Cali, Medellín, Barranquilla, Manizales, Bucaramanga y Cúcuta. Según la agencia EFE, no hubo incidentes de relieve en las concentraciones principales.
Convocaron la jornada la Central Unitaria de Trabajadores (CUT), que dirige Fabio Arias, y la Confederación General del Trabajo (CGT), de Percy Oyola, junto a organizaciones sociales que fijaron el plan en una reunión del 11 y 12 de septiembre. A la calle salieron centrales sindicales, maestros, estudiantes universitarios, colectivos LGBTI y comunidades indígenas. El Pacto Histórico, la coalición de izquierda, participó sin figurar como convocante formal.
El Consejo Regional Indígena del Cauca (Cric) llamó a una movilización propia para el mismo miércoles y anunció de antemano que no recurriría a bloqueos ni a otras acciones de hecho.
Un pliego que mezcla lo laboral, lo ambiental y el derecho a protestar
Las consignas cubrieron frentes muy distintos. En lo laboral, los convocantes reclaman la reversión de la derogatoria de once circulares del Ministerio de Trabajo sobre libertad sindical y trabajo doméstico, entre otros temas. En lo presupuestal, rechazan los recortes al SENA y a la Agencia para la Reincorporación y la Normalización (ARN), que atiende a excombatientes, y la eliminación de subsidios de energía, un punto especialmente sensible en la región Caribe.
A eso se suman la derogatoria de las Áreas de Protección para la Producción de Alimentos (Appa), la reversión de las resoluciones que deshicieron la delimitación del páramo de Santurbán, el rechazo al estatuto antiterrorista que impulsa el Ministerio del Interior y la oposición a los límites al aborto que plantea el gobierno. Las organizaciones indígenas protestan además contra un proyecto de decreto que crearía un sistema de información sobre las guardias indígenas, que temen pueda usarse para judicializar a sus integrantes.
Entre las banderas sindicales y colombianas también hubo banderas palestinas y críticas al alineamiento del gobierno con Washington.
El decreto firmado un día antes
El punto más político del pliego llegó con fecha reciente: el Decreto 1525 de 2026, que regula la protesta social y que De la Espriella firmó la víspera de la jornada. El texto establece que las autoridades deben buscar el diálogo con los manifestantes, pero aclara que ese diálogo no es condición previa para actuar contra quienes cometan actos violentos.
El lunes, el presidente había dicho que la protesta pacífica es una garantía constitucional que no habilita a agredir a otros ciudadanos, destruir bienes, amenazar a trabajadores ni bloquear ambulancias y servicios de emergencia. El procurador general, Gregorio Eljach, sostuvo que la protesta es un derecho con "límites" y pidió que el paro fuera "pacífico".
Petro en la marcha, sin micrófono
El expresidente Gustavo Petro se sumó brevemente a la concentración de Bogotá, pero no habló ante los manifestantes. Lo hizo después en X: "El pueblo no se rinde, carajo". Congresistas del Pacto Histórico habían dicho antes que Petro respaldaba la movilización, y en un llamado público pidió a sus militantes prepararse para un paro general en 2027 por un salario mínimo vital.
El senador Wilson Arias, del Pacto Histórico, resumió la lectura del sector: "Es el momento oportuno para protestar". El dirigente opositor Iván Cepeda acusó al gobierno de buscar "intimidar a la gente" y afirmó que "el miedo termina convirtiéndose en la forma en la que la Fuerza Pública actúa".
La prueba es en noviembre
Arias ha descrito el 14 de octubre como un "plan de prueba": si la convocatoria funciona, la CUT evalúa un paro nacional el 11 o el 20 de noviembre. El día elegido acota desde ya el resultado, y los propios convocantes lo reconocieron antes de la jornada: la representante Isabel Vera anticipó que un miércoles laborable empuja la asistencia hacia los trabajadores sindicalizados, los que pueden marchar sin temor a represalias.
Entre los analistas consultados por La Silla Vacía antes de la jornada, Alejandro Chala advirtió que una asistencia baja mostraría que la izquierda no leyó el momento y gastaría demasiado temprano el impulso de la protesta; Víctor Muñoz, de Guarumo, señaló que la oposición carece de un tema o un liderazgo que la unifique y que la marcha también funciona como prueba de las estructuras regionales del petrismo con vistas a 2027.
La propia CUT llega dividida: Arias y otros nueve de los veintiún miembros del comité ejecutivo nacional firmaron una carta en la que denuncian que una "nueva mayoría mínima" de once integrantes está alineada con De la Espriella. Carlos Rivas, uno de los mencionados, niega que ese grupo sea progubernamental y afirma que siguen en la oposición.
Con información de EFE, Infobae y La Silla Vacía.




