Piratas somalíes tomaron el pesquero iraní Azini el jueves, entre las localidades costeras de Bandar Bayla y Hafun, en el noreste de Somalia, con 23 personas a bordo: 21 tripulantes iraníes y dos guardias de seguridad somalíes. Un oficial de la Fuerza de Policía Marítima de Puntlandia dijo que doce piratas participaron del ataque. El paradero y la situación de las personas a bordo no se conocían.
En una alerta difundida el sábado, el Centro de Seguridad Marítima del Océano Índico (MSCIO) informó que el barco se acercaba a una ruta de navegación comercial y advirtió que puede convertirse en una "base flotante" para nuevos ataques: un buque nodriza capaz de llevar a los piratas a cientos de kilómetros de la costa y sostener asaltos a cargueros y petroleros. El centro pidió redoblar la vigilancia a las embarcaciones de la zona. La Operación Atalanta, la fuerza naval de la Unión Europea en el Océano Índico, investiga el caso.
Por qué un pesquero se vuelve un arma
La táctica no es nueva y explica por qué el secuestro de un barco de pesca preocupa más de lo que el tamaño de la embarcación sugiere. Sin autonomía para operar lejos de la costa en lanchas pequeñas, los piratas usan los barcos tomados como plataforma: amplían su radio de acción, les dan cobertura —porque un pesquero en ruta normal no despierta sospechas— y convierten a la tripulación en escudo frente a los abordajes militares.
El regreso de un problema que parecía resuelto
Una década de patrullas navales internacionales y de refuerzo en la seguridad de las embarcaciones había reducido drásticamente la piratería somalí. Desde abril, sin embargo, los piratas secuestraron seis barcos comerciales, algunos de ellos bien lejos de la costa somalí. Entre los casos está el petrolero de derivados Sibu 1, tomado a unas 136 millas náuticas al este de Al-Mukalla, en Yemen.
El episodio más grave fue el del petrolero MT Honour 25, en poder de los piratas desde abril: en septiembre, cinco tripulantes fueron asesinados antes de que las fuerzas de seguridad recuperaran el barco, y 16 sospechosos fueron detenidos.
El rebrote coincide con un período de fuerte perturbación en la navegación de la región. Los ataques en el Estrecho de Ormuz y las amenazas hutíes en las cercanías de Bab al-Mandab alargaron rutas y encarecieron el flete de los petroleros, empujando embarcaciones hacia aguas menos patrulladas, el tipo de desplazamiento en que la piratería suele encontrar espacio.
Con información de Arab News y Morning Star.




