El presidente de Finlandia, Alexander Stubb, y el primer ministro de Noruega, Jonas Gahr Støre, llamaron juntos al presidente ruso, Vladímir Putin, el martes. La conversación duró 90 minutos y fue uno de los raros contactos directos de líderes europeos con el Kremlin desde el inicio de la invasión a gran escala de Ucrania, en febrero de 2022. La iniciativa fue de los dos, que semanas antes habían acogido conversaciones de paz en Oslo.
Ambos pidieron a Putin que ponga fin a la guerra y entre en negociaciones por un acuerdo duradero. Stubb calificó la conversación de "franca y sustantiva" y afirmó que acabar con la guerra "exige una discusión directa". Støre insistió en la desescalada. El comunicado conjunto dejó constancia de que hablaron como líderes de sus propios países, y no en nombre de Europa. Después llamaron al presidente ucraniano, Volodímir Zelenski, que agradeció el apoyo.
Qué respondió el Kremlin
El relato ruso de la conversación mantuvo el tono maximalista de siempre: una paz duradera solo sería posible, según el Kremlin, "si los intereses legítimos de la Federación Rusa se tienen en cuenta de forma plena e incondicional". El comunicado también señaló "políticas confrontacionales" de países de la Unión Europea y de la OTAN.
El ministro de Asuntos Exteriores, Serguéi Lavrov, minimizó la iniciativa al decir que los países europeos buscan un papel en las futuras negociaciones.
Esa misma madrugada, Rusia atacó Kiev con 16 misiles balísticos y más de 280 drones, según las autoridades ucranianas. El Puente Sur fue alcanzado, y Zelenski afirmó que las fuerzas rusas volvieron a bombardear mientras los equipos de emergencia seguían trabajando en el lugar. Járkov también fue atacada, con muertos y heridos.
La división nórdica
Los cuatro países estaban reunidos en Helsinki para una sesión del Consejo Nórdico, y la reacción local fue dura.
La primera ministra de Dinamarca, Mette Frederiksen, dijo estar "muy escéptica" porque la llamada no se coordinó con los demás. Afirmó no ver señal de que Rusia quiera la paz, al citar la guerra híbrida y los ataques en Ucrania, comparó el gesto con el viaje en solitario del primer ministro húngaro, Viktor Orbán, a Moscú, y defendió que los europeos "permanezcan unidos".
El primer ministro de Suecia, Ulf Kristersson, fue más contenido. Dijo tener expectativas bajas sobre las conversaciones directas y advirtió de que corren el riesgo de dividir la voz europea, pero añadió que aún no sabía qué se había discutido y que unas conversaciones capaces de empujar a Rusia hacia una paz decente, en los términos de Ucrania, serían bienvenidas.
Støre respondió que Europa debe hablar con Rusia para complementar los mensajes del gobierno estadounidense, que tiene una lectura distinta de la guerra.
La divergencia llama la atención porque estos cuatro países suelen cerrar una posición conjunta sobre Rusia: están entre los mayores donantes bilaterales a Kiev y entre los defensores más firmes de sanciones más duras a Moscú.
Con información de Euronews, Associated Press y Reuters.




